Jan 4, 2007

¿En qué momento?

Es jueves. Estoy sentado una vez más aquí frente al monitor sin saber exactamente el porqué... Probablemente debería empezar a escribir. Dejarme llevar por las palabras y que éstas se vayan uniendo unas tras otra. Al final, algo habré de contar. Eran como las 6:30 de la mañana. Confieso que me levanté tarde. Llamé a un taxi y esperé. Nunca llegó. Salí a la calle a tomar uno. Le dije al conductor, al aeropuerto por favor. No lo miré. Sólo iba pensando en cómo sería de nuevo volver... Mi vuelo era a las 8:30. El taxi no avanzaba. Demasiado tráfico. Pregunté el porqué. No recibí una respuesta. Volví a preguntar. Seguí sin contestación alguna. Llegué tarde. Muy tarde. Corrí para alcanzar mi vuelo. Nunca llegué. Lo bueno que no era la primera vez que me pasaba. Fui al mostrador de la aerolínea y pedí otro vuelo. Inventé todos los pretextos habidos. Conseguí un vuelo a las 12 del día. Recorrí todo el aeropuerto. Después de un exhaustivo andar. Me senté en una de las mesas de comida rápida. Me puse a platicar con los extraños que al igual que yo, esperaban que el tiempo pasará rápido y que la espera no fuera tan cruel. Me puse a pensar todo lo que hubiera hecho en esas horas perdidas si me hubiera levantado temprano. No me quedaba más que esperar. Me chocan las esperas. Esperanza se sentó al lado mío. Me contó que estaba esperando a su papá. -No lo he visto en 20 años - sus ojos parecían humedecerse. No dije nada. Me platico de sus historias con él en Tapachula y los caminos verdes para llegar a su casa. Sólo recuerdos de su niñez. Su papá los dejo a todos- Esperanza dijo con voz quebradiza. - Siempre extrañé que me contará esas historias que sólo los papás saben contar. No dije nada por segunda vez. Anunciaron que el vuelo procendente de Texas había llegado. Esperanza se levantó. - Mi papá viene en ese vuelo - el silencio. El callado silencio. - Lo veré una vez más -. Me atreví a decir - Mujer sonrié, no puedes tener esa cara. No debe verte triste- Rodaron una imperceptibles lágrimas. De esas lágrimas certeras que nos traicionan cuando tratamos de ser valientes. - Mi papá viene en un ataúd- Esperanza dijo con una voz entrecortada. - Ya no podrá contarme una de esas historias que me contaba, ni decir hijaputa dónde andabas- Me quedé callado. Se fue así como llegó. Esperanza caminaba lentamente, parecía cansada quizá más por esas cosas que uno lleva por dentro que por los años. ¿Cuánta espera? Veinte años y lo verá ahí, muerto. Sin aliento, sin palabras. Vi el reloj, casi las doce. Fuí a la puert de mi vuelo y me llevé la sorpresa que mi boleto era uno de esos que les dan a los pilotos. No había un lugar más, tendría que esperar otras diez horas antes de partir. Y seguí esperando a que el tiempo se muriera...

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