May 27, 2007

A las 12 de la noche

Me desperté con olor a tabaco y el perceptible olor a lluvia. Hace frío en este cuarto tan lejos de casa. En pleno verano, aquí aún nieva. Me gusta el frío, el ruido que hace la calefacción, los huesos tiritantes y mi nariz congelada. Por otro lado, detesto el café hirviendo y la cantidad excesiva de ropa que tengo que ponerme. Sin embargo, es divertido salir a caminar cuando la nieve cae y ver que por las alcantarillas, el vapor huye a la superficie. Me gusta sentir que caigo por la superficie resbalosa pero, es cuestión de acostumbrarse para no caer siempre. Lo más curioso de todo, es que desperté con ese profundo olor a tabaco que entró y me llenó el pensamiento de recuerdos. Me llevó a otro lugar en otro tiempo… Me desperté en la casa de madera que está junto al lago con el ladrido de Mika y BJ me despertaron y ese inconfundible olor a madera húmeda después de las extrañas lluvias en verano. El lago se ve hermoso desde mi recámara. Bajé a la cocina y tomé un vaso de leche y fui a buscar a los perros. Me gusta ir a buscarlos porque sé que necesariamente caminaré hasta las orillas del lago cerca del bosque. Hablo conmigo mismo porque no hay nadie alrededor. Me reconforta estar lejos de la ciudad. Siempre trabajé esperando estos días donde me dedico a escribir y a leer. Cuido a mis perros y camino en los atardeceres por la colina. A veces, salgo a pescar. No he podido pedir más a esta vida, que vivir esta utopía. Me rió, aún nieva acá. Por suerte desde mi ventana se ve la inmensa ciudad y yo, aquí, escribiendo junto con una odiosa taza de café hirviendo y vistiendo un mundo de ropa.

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