Mi padre me pegaba. Solía poner su revólver en mi boca. Me mataría algún día, yo lo sabía. Tenía la seguridad que una tarde después de regresar de la escuela, lo encontraría borracho y malhumorado y él en su afán de divertirse, pondría su revólver en mi cabeza y me volaría los sesos. Por eso, puse desparasitante para puercos en su bebida. Murió en tres días. Penosa muerte porque la pasó en el baño contrariamente a lo que pensó, no murió por su vicio. Hoy que regreso al pueblo, me acuerdo de aquella noche cuando dio su último suspiro. Mi madre llorando de alegría para que la gente no pensara mal de ella. Yo lloraba de desconsuelo y por dentro rezaba lo más rápido posible para que Dios pudiera perdonarme en cuestión de días. No sé aún, si Dios me perdonó porque, a veces, regreso del trabajo y encuentro a mi padre sentado en mi sala, perdido de borracho con su revólver esperando mi cabeza.
Apr 8, 2008
El coleccionista
Mi padre me pegaba. Solía poner su revólver en mi boca. Me mataría algún día, yo lo sabía. Tenía la seguridad que una tarde después de regresar de la escuela, lo encontraría borracho y malhumorado y él en su afán de divertirse, pondría su revólver en mi cabeza y me volaría los sesos. Por eso, puse desparasitante para puercos en su bebida. Murió en tres días. Penosa muerte porque la pasó en el baño contrariamente a lo que pensó, no murió por su vicio. Hoy que regreso al pueblo, me acuerdo de aquella noche cuando dio su último suspiro. Mi madre llorando de alegría para que la gente no pensara mal de ella. Yo lloraba de desconsuelo y por dentro rezaba lo más rápido posible para que Dios pudiera perdonarme en cuestión de días. No sé aún, si Dios me perdonó porque, a veces, regreso del trabajo y encuentro a mi padre sentado en mi sala, perdido de borracho con su revólver esperando mi cabeza.

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