Esperó y no vio nada. Sólo el vaivén de las olas. Se confundió entre sus pensamientos quizá por ello, la luna parecía más cercana y el silencio una canción de marineros. Soñó despierto pero no cerró sus ojos sino que los fijó en las estrellas….
Recordó el frío entre sus huesos y el dolor en su estómago. La sangre recorría sus labios. Caminó todo lo que pudo dejando rastro de su dolor entre la nieve. Pensó en dejarse morir pero, el sentimiento de venganza hizo que la sangre no se congelara. No divisaba el fin pero, sabía que habría alguno. Así que caminó.
Llegó al puerto, las gaviotas anunciaron su llegada. Se acercó a un barco, se subió. Buscó un lugar para esconderse. Todas las puertas selladas. Se sentó y no vio nada. Sólo el vaivén de las olas. Pensó en su desgracia pero, poco a poco sintió que la rabia ya no era suficiente para que su sangre no se congelara. Vio la luna más cerca y el silencio se convirtió en una canción de marineros. Soñó despierto en las tierras que nunca conoció y en los amores que nunca tuvo. No cerró sus ojos sino que los fijó en las estrellas y ahí, se perdió…

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